sábado, 11 de agosto de 2012

Músculos, postura y medio ambiente por Silvia Mamana



Los músculos dan al cuerpo su forma externa, y son los elementos que, gracias a su función contráctil, posibilitan el movimiento de los huesos, y por lo tanto, del cuerpo en el espacio, sustentando nuestra capacidad de expresión y de comunicación (1).
La micro-estructura de estos músculos esqueléticos presenta discos claros y oscuros que le dan a los mismos el aspecto de estriación transversal, por lo cual reciben el nombre de musculatura estriada o voluntaria(2), diferente de la musculatura lisa que forma muchos de nuestros órganos(3).
El sistema muscular es uno de los sistemas responsables de mantener las funciones hegemónicas que sustentan nuestra supervivencia. Mantiene:
  • La respiración, por medio del diafragma y los músculos accesorios que nos permiten inhalar y exhalar.
  • La nutrición, a través no sólo de los músculos de la masticación y la deglución sino también de aquellos que gobiernan las extremidades superiores, que nos permiten llevar el alimento a la boca.
  • La reproducción, mediante la musculatura del piso pélvico y la de los órganos sexuales.
  • La postura, con la gran cantidad de músculos que nos mantienen erguidos y nos permiten el movimiento. Es común el concepto de que esa musculatura estriada se divide, según cómo intervenga en esta última función hegemónica de sostén, en músculos rojos o antigravitatorios y músculos blancos o dinámicos. La mayor o menor tensión de los primeros será responsable de las desviaciones con respecto a lo que es considerado “una postura correcta”(4).
Personalmente considero que al abordar cualquier aprendizaje corporal que implique modificación de los hábitos, tanto posturales como mentales o emocionales, debemos trabajar tanto la estructura como la función, ya que en la medida que el acortamiento muscular estructural limite la función, el aprendizaje funcional se verá limitado, o por lo menos disminuido. Por otro lado, trabajar únicamente el estiramiento de los músculos no garantiza que los logros conseguidos estén al servicio de una mejor función, que es el objetivo último de todo organismo bien integrado, donde la estructura debe estar al servicio de la función, y no al contrario.
La actitud postural es mucho más que un conjunto de músculos acortados, y por lo tanto nuevas experiencias de movimiento que nos permitan integrar a la musculatura estriada voluntaria (y porque no también a la lisa involuntaria) pueden ayudar a modificar esos hábitos y a crear espacios de aprendizaje para la unidad cuerpo-mente.Tono muscular y postura
Según la definición de los libros de texto, la actitud o postura es “el mantenimiento de una relación determinada de los distintos segmentos corporales entre sí, y del cuerpo en su totalidad en relación al espacio y al plano de sustentación.” (5). Esto exige, entre otras cosas, que la vertical que pase por el centro de gravedad del cuerpo caiga dentro del plano de sustentación del mismo, y que los músculos antigravitatorios activamente sostengan al esqueleto a través de lo que se llama actividad muscular tónica (a diferencia de la actividad fásica, que es la que nos permite movernos en el espacio).
La actividad muscular tónica mantenida a través del tiempo es lo que llamamos tono muscular, y tiene como base a estímulos nacidos en el mismo músculo (fibras intrafusales del huso neuromuscular) y en receptores ubicados en distintas partes del cuerpo (músculos del cuello, oído interno, ligamentos, cápsulas articulares).
Desde una perspectiva más amplia, podemos decir que “el tono es la actividad celular de base que precede y sustenta cada uno de nuestros movimientos” (6).
En Body-Mind Centering® decimos que el tono celular está en relación con la actividad de todas las células de nuestro cuerpo. Este comienza a formarse en el ambiente fluido del útero, bajo la influencia de la gravedad y de las experiencias intrauterinas tempranas(7). Sigue desarrollándose, luego del nacimiento, como una respuesta a la forma en que nos relacionamos física, perceptual y emocionalmente con el ambiente que nos rodea.
Este tono celular sustenta el desarrollo tanto del tono muscular (que expresa la actividad de base de los músculos en estado de reposo, y su predisposición para activarse) como el del tono de los órganos (que expresa la actividad orgánica de base en estado de reposo, y la predisposición de éstos para la actividad).
El tono postural es, entonces, una combinación del tono muscular con el tono de los órganos. Este es siempre relativo y está bajo la constante influencia de factores tanto internos como externos, aún desde el momento de la concepción. Al respecto, Bonnie Bainbridge Cohen dice: “El tono postural es la disponibilidad de los músculos para responder. Presiento que nuestro tono básico es un indicador de cómo nos estamos relacionando con la tierra a través de la atracción de la gravedad. Se refleja en la calidad de nuestro movimiento. Un tono bajo indica que estamos teniendo dificultades en enfrentar la fuerza gravitatoria; un tono alto indica que estamos resistiendo en exceso la atracción de la gravedad; un tono uniforme y balanceado indica que tenemos una relación cómoda, o equilibrada, con la fuerza de atracción de la tierra.”(8) La Tierra que nos sostiene y la fuerza gravitatoria que nos ata a ella son las dos únicas constantes que mantenemos a lo largo de toda nuestra vida. El hecho de que estemos “hiper-resistiendo”, que nos sintamos “agobiados”, o que tengamos una relación “amigable” con la gravedad, no es sólo un indicador del tono muscular, sino también de nuestra capacidad para respirar plenamente, para pensar, para actuar, y para relacionarnos con lo que nos rodea. Explorar estas distintas relaciones con la fuerza gravitatoria nos puede ayudar a encontrar un equilibrio en el tono postural, que redundará en un cambio en los demás aspectos relacionados con él.La percepción del tono
En Body-Mind Centering®, que es un método basado en la experiencia empírica corporal, trabajamos muchos conceptos no aceptados (por lo menos hasta el presente) desde la anatomía tradicional(9).
Uno de ellos es lo que llamamos Corriente Interna Muscular (Muscle Currenting), relacionada con la dirección de los impulsos eléctricos que pasan por las fibras intrafusales que se encuentran dentro de los husos neuromusculares. Estas fibras determinan el tono muscular y son una guía para la contracción de las fibras extrafusales, encargadas de la contracción muscular(10).
La exploración vivencial nos dice que la corriente interna puede transitar del centro hacia los extremos, o viceversa. Si ésta fluye desde el vientre muscular hacia los extremos, el músculo se percibe como demasiado alargado, y débil durante las contracciones. Si, por el contrario, fluye desde los extremos hacia el centro, la sensación será la de un músculo corto y tenso.
La forma óptima de flujo ocurre cuando la corriente transita de origen a inserción, o a la inversa, ya que esto provee un sistema continuo de líneas de fuerza que recorre todo el cuerpo. En función de ello, en BMC clasificamos a los músculos en:
  • Músculos A: son aquellos que funcionan más eficientemente con una corriente que fluye del centro (ombligo y L5) hacia la periferia. Son generalmente monoarticulares, los más profundos de un grupo muscular, y los encargados de la iniciación de los movimientos de control fino.
  • Músculos B: son los que funcionan con eficiencia con un flujo que va desde la periferia al centro. Son generalmente bi-articulares, los más superficiales de un grupo muscular, y encargados de los movimientos que requieren fuerza y amplitud. Para que la musculatura funcione eficientemente, cada grupo muscular debe estar equilibrado en el fluir de sus corrientes internas, lo que permite establecer un tono postural óptimo y una economía de trabajo muscular durante la contracción. Si estos flujos están total o parcialmente invertidos, la sensación puede ser tanto de debilidad y letargo como de excesivo esfuerzo para mantener la postura e iniciar el movimiento, así como sensaciones mentales de falta de interés y motivación o de urgencia y falta de tiempo para concretar los objetivos cotidianos.
La experiencia de explorar estos “ríos internos” que recorren nuestra musculatura puede proveernos de una nueva herramienta para modificar tanto hábitos posturales como mentales y emocionales, más allá del trabajo que podamos hacer estirando músculos y fascias, que habitualmente son considerados los “principales culpables” de nuestra falta de alineación.
He tratado en este artículo de enfocar la mirada en algunas formas menos tradicionales de ver el tema de la postura. Nos queda pendiente (sobre todo en esta sociedad que nos lleva cada vez más a la alienación y al estrés), el tema del “tono” de nuestro Sistema Nervioso Autónomo… Pero eso, es otra historia.

Notas:
1. Los músculos de la mímica y los de las cuerdas vocales complementan esta capacidad “expresiva” de nuestro sistema muscular.
2. El miocardio o músculo cardíaco es un tipo especial de musculatura estriada, que funciona por contracciones involuntarias, reguladas también por el sistema autónomo, y por un sistema de conducción propio que posee el corazón.
3. El tejido muscular liso está compuesto de fibras alargadas cuya característica es la contracción lenta e involuntaria, dado que está inervado por el sistema nervioso autónomo. Los músculos lisos forman las paredes de nuestros vasos sanguíneos (venas y arterias), y de todo el tracto digestivo (esófago, estómago e intestinos). La vejiga y el útero también son órganos contráctiles, cuyas paredes están constituidas por musculatura lisa.
4. Para un análisis de la musculatura estática que incide en las desviaciones respecto a la postura “ideal”, ver “Músculos: un trabajo en cadena” por Norberto Brude y Silvia Mamana, Kiné nº 36, abril / mayo de 1999.
5. Isaías Loyber, Funciones motoras del sistema nervioso.
6. Bonnie Bainbridge Cohen, Primitive Reflexes, Righting Reactions and Equilibrium Responses.
7. Para profundizar sobre el tema de la influencia de las experiencias intrauterinas tempranas, consultar (entre otros): David Chamberlain Ph.D, “ The Fetal Senses”, y Bruce Lipton, Ph. D., “Maternal Emotions and Human Development”
8. Bonnie Bainbridge Cohen, Sensing Feeling and Action.
9. La imaginería, también llamada ideokinesis, (o “somatización”, como la denominamos en BMC) como instrumento para buscar la alineación y la reorganización de la postura a es una corriente que se inicia en la década del ’70 con las investigaciones de Lulu Sweigard en EEUU. En esta línea encontramos a maestros como Mabel Todd, John Rolland y Bonnie Bainbridge Cohen.
10. Para Bonnie Bainbridge Cohen, la Corriente Interna Muscular (Currenting) determina el largo de las fibras musculares en posición de descanso, y la calidad y eficiencia de la contracción, afectando por lo tanto la eficiencia, la calidad y la amplitud del movimiento espacial.

© Silvia Mamana, publicado en Kiné nº 64, octubre / noviembre de 2004

Sistema nervioso y contacto por Silvia Mamana


“El cuerpo recuerda, los huesos recuerdan, las articulaciones recuerdan y hasta el dedo meñique recuerda. El recuerdo se aloja en las imágenes y en las sensaciones de las células. Como ocurre con una esponja empapada en agua, dondequiera que la carne se comprima, se estruje e incluso se roce ligeramente, el recuerdo puede surgir como un manantial.”
Clarissa Pinkola Estés
El Sistema Nervioso le provee al cuerpo la capacidad de registro y comunicación, en niveles diferentes, desde el celular, pasando por la regulación automática de todas nuestras funciones corporales, hasta la posibilidad de percibir y responder mediante el movimiento, o la palabra. Su complejidad es tan grande que, para su estudio, solemos dividirlo: central / periférico, autónomo / somático, simpático / parasimpático, entérico (1). Estas divisiones hacen más fácil su comprensión, pero no debemos olvidar que esta estructura extraordinariamente compleja funciona como un todo, registrando la experiencia que se produce en el cuerpo, y organizándola en patrones de respuesta o de comportamiento. La “memoria” alojada en nuestro Sistema Nervioso nos da la posibilidad de no tener que “aprender” nuevamente, cada día, todas las funciones que regulan nuestro organismo.
En la interacción constante entre el cuerpo y el medio ambiente, el Sistema Nervioso tiene también la posibilidad de modificar los patrones guardados, y volver a integrarlos a partir de la nueva experiencia. Esta se produce siempre a nivel celular, en los tejidos que participan activamente de la interacción con el entorno. Como dice Bonnie Bainbridge Cohen, la creadora de Body-Mind Centering, “el sistema nervioso es el último en enterarse, pero una vez que sabe, se convierte en un centro primario de control del cuerpo.”
El aprendizaje básico del funcionamiento corporal se produce desde el momento de la concepción (2), hasta el momento en que, alrededor del año de vida, somos capaces de pararnos y caminar. Esta capacidad de aprender debería mantenerse intacta durante toda nuestra vida. Pero muchas veces, sea por comodidad, o por una cuestión de supervivencia, el organismo se cierra y comienza repetir patrones de conducta, o de funcionamiento.
Dentro del útero, el tacto y el sentido cinestésico son los primeros sentidos en desarrollarse. El primero está presente en la piel de la cara en la 8° semana de gestación, y en zona genital en la 10°. Toda la superficie corporal tiene sensibilidad táctil en la semana 32. El sistema vestibular que percibe el movimiento y la acción de la gravedad, se activa en la semana 14°. Ambos establecen la base para la futura percepción a través del gusto, el olfato, el oído y la vista (3).
A partir de la cuarta semana del desarrollo de un embrión, las tres capas germinales (ectodermo, endodermo y mesodermo) que se han formado en la semana previa darán origen a todos los tejidos y órganos del cuerpo (4). En la tercera semana de la gestación, se forma un surco que va invaginando al ectodermo, formando el tubo neural. Ese tubo dará origen al Sistema Nervioso. Posteriormente, el tubo neural se cierra y se desprende del ectodermo, que va rodeando, como una envoltura, a todo el feto, dando lugar a la formación de la piel.
Por este mismo origen ectodérmico, podríamos decir que el Sistema Nervioso y la piel son hermanos, con las mismas afinidades, y la misma capacidad de registro y comunicación. A través del contacto y del movimiento, encontramos una puerta de acceso hacia el Sistema Nervioso y sus procesos de organización y regulación del organismo, que nos da la posibilidad de abrir nuevos espacios de conocimiento, aprendizaje y cambio.
Deane Juhan, en su libro Job´s Body, habla sobre los efectos del contacto:
“El efecto sobre los fluidos y las estructuras sólidas refleja el resultado que las técnicas de contacto manual en general producen sobre los aspectos mecánicos del cuerpo: las leyes que gobiernan la hidráulica, la elasticidad y resistencia a la tensión de los tejidos, etc. A pesar de la importancia de estos aspectos, no podemos dejar de lado el hecho que somos mucho más que estructuras mecánicas: somos una confluencia de elementos físicos, químicos y estados de conciencia que se interrelacionan de manera extremadamente compleja.
Las leyes físicas que gobiernan nuestros procesos fisiológicos son sólo una parte de la trama que forma y sustenta al organismo humano, el otro principio constitutivo es la organización neural y mental.”
En la actualidad se utilizan diversos nombres (masaje, terapia corporal, “bodywork”, técnicas de contacto manual, “hands-on”, etc.) para nombrar a una gran variedad de terapias manuales. La palabra “masaje” se utiliza para referirse a técnicas como el masaje Californiano, el Tailandés, etc., pero no a otros enfoques como el Rolfing, la técnica M. Alexander, la eutonía, la Integración Funcional (parte integrante del Método Feldenkrais), la Terapia Craneosacra, Body-Mind Centering, etc. Muchos de estos métodos ponen el énfasis en el aprendizaje de nuevos patrones físicos o mentales, más que en el aspecto correctivo.
El rol del facilitador 
El contacto es especialmente efectivo cuando la comunicación entre receptor y facilitador es clara y abierta. Muchas personas poseen experiencias anteriores, pautas culturales o sociales que pueden afectar su relación con este aspecto, tanto para el "tocar" como para el "ser tocados". Dice Bonnie Bainbridge Cohen: “Cuando tocamos a alguien somos a la vez tocados. El sutil intercambio entre la mente y el cuerpo puede ser experimentado claramente al tocar a otros.”
Como facilitadores, es necesario que tengamos un entrenamiento adecuado para poder percibir claramente a través de este diálogo entre las manos y el cuerpo del receptor. Nuestra atención, concentración y motivación deben estar activamente enfocadas en aquello que debemos registrar. Esta “focalización activa” nos brinda elementos para la interpretación de la información sensorial. Sin ella nuestra percepción permanecerá pobremente organizada.
Algo importante que deberíamos cultivar es la capacidad para recibir o pedir "feedback", desde un lugar exento de juicio (propio o de los demás). Una devolución específica sobre la calidad o el tipo de contacto puede utilizarse para enriquecer nuestra práctica. Considero que debemos estar abiertos a pedir o recibir devolución de parte de nuestros pacientes, sin sentir por ello que se resiente nuestro ego, o autoridad.
Desde esta mirada, el objetivo final del contacto no es buscar problemas o lugares a tratar para mejorar o cambiar a otros, sino comprender cómo son, evolucionando juntos, facilitador y receptor, a partir de una relación interactiva.

Notas:
1. Para una descripción del sistema Nervioso Entérico, ver El cerebro abdominal, en Kiné Nº 60, agosto / setiembre de 2003.
2. Si tomamos en cuenta que cada célula es un organismo con todas las funciones que tiene el cuerpo, podemos decir que la primer experiencia sensitiva se produce siempre a nivel celular (ver Kiné Nº 42, junio / julio de 2000). Además de esto, recientes investigaciones han demostrado que todos nuestros sentidos, incluidos el olfato y el gusto) están activos intrauterinamente, lo que convierte al útero en nuestra “primer aula” (ver escritos de David Chamberlain y otros respecto al tema).
3. La mucosa olfativa está desarrollada entre la 11° y la 15° semanas (se han comprobado reacciones frente a sustancias aromáticas en el líquido amniótico), y el gusto, alrededor de la semana 14°. Aunque el oído está completo en la semana 24, ya hay reacciones fetales a las vibraciones, desde la semana 16, lo que se explica por la transmisión de ondas a través de los tejidos, hasta la zona coclear en desarrollo. Los ojos permanecen cubiertos por los párpados hasta la semana 26, pero por transparencia, la retina percibe la luz desde antes, registrándose reacciones a la luz ya en la semana 20.
4. A modo de resumen, podemos recordar que el ectodermo da origen a la piel, tejido nervioso y glándulas suprarrenales; el endodermo forma el tubo digestivo (mucosa) y glándulas anexas, la vía urinaria y el aparato respiratorio; y el mesodermo origina huesos, músculos, vasos sanguíneos y corazón, sistema linfático, sangre, glándulas, tejido conectivo con fascias y membranas (pleural, pericardio, peritoneo, meninges), y riñones.

Referencias
• Bonnie Bainbridge Cohen, Sensing Feeling and Action.
• William Martin Allen, Cranial Osteopathy.
• Deane Juhan, Job’s Body

© Silvia Mamana, publicado en Kiné nº 67, junio / agosto de 2005

Volver a empezar por Silvia Mamana


No cesaremos de explorar,
y el final de toda nuestra exploración
será llegar a donde comenzamos
y conocer el lugar por primera vez.
T. S. Eliot
El desarrollo humano es un proceso continuo que se inicia, como es sabido, cuando un óvulo es fecundado por un espermatozoide. Este desarrollo está condicionado no sólo por los factores genéticos, sino también por las condiciones del medio en que el individuo se desarrolla: la naturaleza y el aprendizaje(1) son dos aspectos inseparables de la experiencia.
Los avances en la biología celular nos permiten saber que menos de un cinco por ciento de los humanos poseen defectos genéticos (de nacimiento) debilitantes. El restante 95% de la población nace con genes "aptos", lo que hace suponer que muchas disfunciones son atribuibles a la educación, a la influencia del medio ambiente. Como mencionaba en el anterior número de Kiné(2), las primeras experiencias a las que estamos expuestos como individuo se producen dentro del útero. Estas percepciones, junto con los patrones genéticos, contribuyen a la formación de la mente subconsciente y proporcionan la voz "colectiva" de la especie que modela el destino del cuerpo.
Durante el siglo XIX, la ciencia (medicina y psicología) enseñaba que los bebés no tenían esencialmente ni sentidos físicos ni mente, ni posibilidad alguna de recordar experiencias vividas en el útero o durante el nacimiento. Nuevos estudios nos hablan del despertar de la conciencia en etapas intrauterinas tempranas: los movimientos voluntarios del cuerpo, la expresión personal y el desarrollo sensorial comienzan mucho antes de lo que se pensaba en aquel momento.

El comienzo del viaje
En cualquier momento podemos encontrar un comienzo nuevo.
Un comienzo tiene la pureza de la inocencia
y la incondicional libertad de la mente del principiante.
Peter Brook
Todo comienza para nosotros con el encuentro entre un óvulo y un espermatozoide en el espacio de la trompa de Falopio. Estas células, que van a dar forma a un nuevo ser, tienen características muy distintas, no sólo desde el punto de vista de su forma. Me resulta interesante observar cómo los elementos que definen a los opuestos complementarios: masculino -femenino, Yin - Yang, ya están presentes desde el principio en nuestras células germinales.
El óvulo posee una memoria muy antigua: las mujeres nacemos con todos los óvulos ya formados dentro de los ovarios, por lo que podemos decir que nosotros nos encontrábamos en el abdomen de nuestra madre cuando ella estaba aún en el de nuestra abuela. El óvulo no recorre caminos, espera: primero su turno para madurar dentro del ovario, y luego para ser fecundado. Es receptivo y paciente, es la manifestación del Ser.
El espermatozoide, en cambio, se embarca velozmente en una carrera contra el reloj, es energía, orientación, dirección y objetivo. Busca la luz que rodea al óvulo maduro, es la manifestación del hacer.
Las características inherentes de estas dos células que dan inicio a nuestro desarrollo pueden ser un espacio interesante de investigación personal. En una sociedad alienante, orientada hacia el hacer sin pausa, hacia el logro casi obsesivo de objetivos materiales, aprender a ocupar el lugar del óvulo puede ofrecernos un espacio de descanso reparador. Tomar las características del espermatozoide nos ayudará si necesitamos energía para concretar un proyecto, una idea, o resolver un problema.
La exploración de estas etapas intrauterinas a través de ejercicios individuales o grupales es un capítulo más de la rica gama de posibilidades que nos ofrece el territorio del cuerpo para aprender y modificar conductas (no solamente durante la infancia, sino a lo largo de toda la vida), y para fortalecer el vínculo madre - hijo, y la conciencia de la paternidad temprana.
Puede ser que algunas de las preguntas que a continuación vamos a formularnos no estén, por el momento, avaladas por la “verdad académica”, pero como decía Jung, “nada es más vulnerable que la teoría científica.” Permítanme, por lo tanto, acercarles algunas ideas para explorar, a través del cuerpo y del movimiento, las distintas etapas de este viaje.

Las primeras semanas

Desde el principio nunca somos uno.
Bonnie Bainbridge Cohen
Aproximadamente a las 30 horas de ser fecundado, el óvulo se divide por primera vez, dando origen a dos células, que sufren a su vez sucesivas divisiones que dan lugar a células cada vez más pequeñas, que forman un grupo compacto dentro de la envoltura que rodeaba originalmente al óvulo. Para el cuarto día, este conglomerado o mórula ya se compone de 16 células.
Aunque estas células son aparentemente iguales, y todas tienen la posibilidad de convertirse luego en cualquier tejido del cuerpo, su ubicación espacial es diferente. Si participamos con otras personas en un ejercicio grupal donde se represente el conglomerado de células, ¿dónde elegimos ubicarnos, en el centro o en a periferia, a la derecha o a la izquierda del grupo? ¿Qué visión tengo de la totalidad desde el lugar que elijo?
Comparándolo filogenéticamente, este estadio evoca la etapa evolutiva de las esponjas, células independientes que se reúnen en comunidad para sobrevivir. El ejercicio grupal nos presenta a los cuerpos como células de un mismo organismo. En esa situación, ¿busco aislarme o comunicarme?, ¿qué me produce el contacto con las demás células / cuerpos?
Al quinto día, la masa de células se divide: separadas por una cavidad, algunas forman un núcleo y el resto, una envoltura delgada. El cúmulo de células formará a la persona, las de la periferia serán los sistemas de soporte durante la gestación.
En un ejercicio de exploración grupal relacionado con esta etapa, ¿qué elijo ser, la futura “persona” o el sistema de soporte?, ¿encuentro fácilmente mi lugar? Y a nivel corporal en un ejercicio individual, ¿qué parte de mí es la envoltura de soporte, y qué parte la masa celular?
Luego de flotar por un par de días, este blastocisto se implanta en el endometrio del útero. Para hacerlo, las células del polo embrionario buscan el punto de contacto con la pared uterina.
La implantación nos permite explorar individual o grupalmente varios aspectos de nuestra conciencia del self, y de nuestra relación con el entorno, y con los demás. ¿Será ésta la primera búsqueda de contacto el comienzo de la conciencia del “yo” versus “no yo” a partir de él? ¿Es posible que las células del útero también se muevan hacia el embrión para recibirlo? ¿Qué pasa si inconscientemente la madre no desea al bebé?
La segunda y tercer semana de esta jornada se caracterizan por la formación de las cavidades amniótica y vitelina, y del disco embrionario, con las capas germinales que darán origen a todos los tejidos del cuerpo. En esta etapa, la cavidad amniótica está en contacto con el ectodermo, y el saco vitelino, con el endodermo.
Explorar a través de un ejercicio los espacios fluidos en esta etapa embriológica nos permite conectarnos con un soporte anterior y otro posterior con cualidades diferentes, que están relacionadas con los tejidos que están en contacto con ellos: un saco amniótico que nos da soporte posterior, nos cuida la espalda, y un saco vitelino que nos provee de soporte anterior, nos permite replegarnos hacia nosotros mismos, hacia nuestro centro. ¿Me permito percibir esos soportes? ¿En qué fluido elijo refugiarme en función de mis necesidades? ¿Puedo transitar entre ambos, o permanezco fijo en uno de ellos?
Ejercicios individuales o de contacto manual para explorar las tres capas germinales nos dan la posibilidad de volver al espacio primitivo desde el cual se generaron todos nuestros tejidos: percibir, por ejemplo, al ectodermo dando origen a la piel, al endodermo formando la mucosa intestinal, o al mesodermo creando los huesos, como recurso para reorganizar y regenerar los distintos sistemas.
Para la quinta semana, una invaginación del ectodermo ya ha dado forma al tubo neural, que será el futuro sistema nervioso, y un plegamiento del endodermo da origen al tracto digestivo. Entre ellos, se forma la notocorda, que sirve de guía para establecer el eje axial del embrión. El saco vitelino queda encerrado dentro del tubo digestivo, y el saco amniótico rodeará al feto, que queda envuelto por el resto del ectodermo: la piel.
Volver a este momento donde sólo somos un par de columnas blandas separadas por un eje, también blando, puede ser una experiencia diferente de movimiento: movernos como cuerpos sin las limitaciones de los huesos y músculos, como organismos fluidos y articulados puede ayudarnos a regular el tono muscular, a ampliar el rango de movilidad articular y a encontrar nuevas cualidades mentales y emocionales. ¿Con qué me conecta esa blandura? ¿Puedo encontrar esos espacios en alguna parte de mí?
Al final de la octava semana de esta travesía, ya se han formado las cuatro extremidades, la cabeza, el corazón ha comenzado a latir en el día 22, y todos los órganos están esbozados y en desarrollo. En este punto finaliza el período embrionario.

El final del viaje

Lo que llamamos comienzo es a menudo el fin
y llegar a un fin es hacer un comienzo.
El fin es donde comenzamos.
T.S. Eliot
Nueve semanas después de la fecundación comienza el período fetal, que termina al nacer. En esta etapa terminan de desarrollarse todas las estructuras esbozadas en la anterior.
Es aquí donde todos nuestros sentidos comienzan a despertarse. En la semana 14°, el sistema vestibular que percibe el movimiento y la acción de la gravedad, ya funciona; el tacto está presente en la piel de la cara en la 8° semana, y toda la superficie corporal tiene sensibilidad táctil en la semana 32. El olfato se desarrolla alrededor de la semana 11, y el gusto, en la 14. Aunque el oído está completo en la semana 24, ya hay reacciones fetales a las vibraciones, desde la semana 16. El último sentido en desarrollarse es la vista: aunque los ojos permanecen cubiertos por los párpados hasta la semana 26, por transparencia, se registran reacciones a la luz en la semana 20.
A pesar de que los cambios no son tantos ni tan espectaculares como en el ciclo anterior, es en esta etapa de “acabado” donde nos dedicamos a afinar la construcción de los distintos tejidos y sistemas, y a preparar la transición hacia la nueva vida fuera del útero, luego del nacimiento.
Un viaje termina, y otro nuevo comienza. Como los contadores africanos de cuentos, podemos decir: “aquí dejo mi historia, para que otro (o nosotros mismos) la pueda recoger otro día.”

Notas:
(1) Aprendizaje es, en este caso, sinónimo de educación, o de crianza. En inglés, el término utilizado para hablar de la la dicotomía naturaleza versus aprendizaje es nature versus nurture.
(2) Ver el artículo Tocar y ser tocados, en Kiné noº 74
Referencias:
Bonnie Bainbridge Cohen, Embriología, apuntes de clase, 2006.
Moore & Persaud, Embriología clínica. Editorial Mc Graw Hill

© Silvia Mamana, publicado en Kiné nº 75 Diciembre de 2006

El poder de la linfa por Silvia Mamana


Nuestro organismo se enfrenta a una enorme variedad de agentes potencialmente infecciosos. Muchos virus, bacterias, hongos, protozoos y parásitos son capaces de penetrar en el cuerpo causando enfermedades, e incluso la muerte. Sin embargo, en la mayoría de los casos, las infecciones son de duración limitada y dejan muy pocas secuelas. Esto se debe a la acción del sistema inmunológico, que nos protege de los agentes patógenos. El sistema inmunológico está compuesto por distintos tipo de células y órganos, ubicados a lo largo del cuerpo(1). Muchas de esas células se alojan en los ganglios que forman parte del sistema linfático.
Además de los vasos sanguíneos, el organismo dispone de otro sistema de vasos: el sistema vascular linfático. Los vasos sanguíneos forman un sistema circulatorio cerrado, con una bomba central (el corazón), un tracto de salida (arterias y capilares) y un sistema de retorno (venas). Los linfáticos son un sistema de drenaje cuyos vasos, los capilares linfáticos, terminan en fondos ciegos. Estos se transforman en vasos cada vez mayores que convergen en grandes conductos linfáticos que desembocan en las venas subclavias, en la base del cuello.
Los fluidos son el sistema de transporte del cuerpo. Todos ellos son básicamente un solo fluido (formado esencialmente por agua) que se transforma, cambiando sus propiedades (2). Un 10% de la sangre que circula en las arterias hacia el espacio intercelular vuelve al corazón a través de los vasos linfáticos.
Como parte del sistema inmunológico del cuerpo, el sistema vascular linfático tiene las siguientes funciones:
• Devolver a la sangre el líquido y las proteínas plasmáticas que se escapan de la circulación.
• Devolver a la sangre los linfocitos circulantes que atraviesan los ganglios.
• Añadir a la sangre los anticuerpos sintetizados por los ganglios.
• Transportar las sustancias que no deben o no pueden circular directamente por la sangre: partículas de grandes dimensiones que no pueden atravesar la pared de los capilares sanguíneos (hollín, bacterias, etc.) o los lípidos reabsorbidos por el intestino. Existen vasos linfáticos en todos los tejidos a excepción del sistema nervioso central, los cartílagos, los huesos y médula ósea, el timo, los dientes y la placenta. A lo largo de su recorrido, estos vasos atraviesan unos cúmulos de tejido denominados ganglios linfáticos, que son estaciones de filtración donde se depura la linfa. Hay en el cuerpo alrededor de 800 ganglios linfáticos.
La linfa es el fluido que circula dentro de los vasos linfáticos. Debido a que estos tienen aberturas mayores a las de las membranas semipermeables de los capilares sanguíneos, son capaces de remover de los espacios intercelulares moléculas más grandes como proteínas, grasas y bacterias. La linfa es esencialmente un ultrafiltrado de plasma sanguíneo. Tiene casi la misma composición que el líquido intercelular, salvo por una mayor concentración de proteínas, grasas y bacterias.
El transporte realizado por vía linfática es considerablemente menor al de las venas: unos 2 litros de linfa al día frente a los 7.000 litros de sangre que circulan por el cuerpo en un día. A pesar de ello, una dificultad en la circulación linfática produce considerables edemas.
La expresión a través de la linfa
En Body-Mind Centering, la percepción y el trabajo con los distintos fluidos del cuerpo se asocian con los estados de "fluidez" o "rigidez" del movimiento y de la mente, con el equilibrio entre la tensión y la relajación, y entre el descanso y la actividad.
Para los que trabajamos como facilitadores en sesiones individuales de trabajo corporal o masaje, los fluidos son una forma de identificar, nuestro estilo de contacto manual, modulándolo y adaptándolo de acuerdo a los requerimientos de nuestros pacientes / alumnos, o del sistema corporal que intentemos abordar. En nuestro trabajo con otros, podemos encontrar que nos expresamos a través de alguno o varios de ellos, mientras otros permanecen en la sombra. La gama expresiva de los mismos, que va desde un contacto intenso (sustentado por las cualidades de la sangre) a un contacto sutil (expresado por el LCR), determina nuestro estilo personal.
En el caso específico de la linfa, encontramos una relación con el espacio definido, y también con un foco de atención directo y sostenido. Esta cualidad nos permite estar atentos y concentrar nuestra intención, tanto al expresarnos en lo cotidiano, como también en nuestro trabajo con los demás. La expresión personal sustentada por las cualidades de la linfa aporta claridad para pensar, decidir y actuar.

Notas
1. Los órganos que componen el sistema inmunológico son la médula ósea (donde se producen las células sanguíneas), el timo y el bazo. Hay por lo menos 24 tipos de células con capacidad de defensa, dispersos en todo el cuerpo. Además de alojarse en el sistema linfático, estas células se encuentran bajo la piel, en las mucosas, en las amígdalas, en las adenoides y en la submucosa intestinal.
2. Para una descripción de las características de cada uno de ellos, ver El cuerpo fluido, en Kiné nº 45, diciembre de 2000.

© Silvia Mamana, publicado en Kiné nº 69, diciembre de 2005 / abril de 2006

Esferokinesis en rehabilitación de lesiones por Silvia Mamana y Viviana Boggan



A pesar de que los fisiobalones fueron utilizados en sus comienzos, como complemento de tratamientos de rehabilitación, en las últimas décadas, su uso se ha extendido como una forma de complementar y optimizar el trabajo de entrenamiento del cuerpo, en distintas técnicas, que van desde el fitness a la danza.
En nuestro caso específico, hemos desarrollado la aplicación de principios anatómicos y fisiológicos al trabajo con esferas de distintos tamaños, como forma de ampliar la conciencia corporal a través del uso de la pelota. Esta integración se denomina Esferokinesis®.
Como técnica, Esferokinesis se enrola en el campo de la Educación Somática, que está compuesto por aquellas disciplinas que ponen énfasis en el aprendizaje a través del cuerpo en movimiento
Nuestra investigación nos ha llevado al desarrollo de aplicaciones específicas del trabajo con balones. En el trabajo de entrenamiento del cuerpo durante el embarazo, se pone énfasis en la movilidad general y en la conciencia de aquellas partes del cuerpo involucradas en el parto. En los grupos con niños y bebés, se potencia la capacidad de juego, la interacción social y la comunicación, fundamentales para el desarrollo psicofísico de los más chicos.
En el caso específico del la rehabilitación de lesiones, la esferokinesis es un importante recurso para complementar el trabajo físico que debe realizarse durante el tratamiento.
El ejercicio terapéutico en rehabilitación
El trabajo físico es una de las herramientas claves para ayudar a romper el círculo vicioso del dolor, la inmovilidad y la disminución de la función que aíslan paulatinamente a una persona a partir de las limitaciones físicas que van apareciendo: atrofia muscular, retracciones articulares, contracturas y acortamientos musculares y tendinosos, y las correspondientes alteraciones psicológicas asociadas como depresión, ansiedad etc.
El dolor con frecuencia es acompañado por alteraciones psicológicas y por una reducción de la movilidad, con el consecuente impacto en la independencia para realizar las actividades de la vida diaria.
Algunos de los objetivos generales que se buscan en el tratamiento de una lesión son:
  • Aliviar el dolor y disminuir el espasmo muscular.
  • Lograr el restablecimiento del intercambio normal de fluidos en los tejidos, de la flexibilidad y de la extensibilidad y movilidad articular normal.
  • Corregir el desequilibrio en el tono y la debilidad muscular.
  • Estabilizar los segmentos inestables.
  • Restaurar un control adecuado del movimiento.
  • Aliviar la tensión postural u ocupacional crónica.
En casos de lesiones más severas, o en el tratamiento de pacientes con dolor crónico se busca también: 
  • Restablecer la autoconfianza y la toma de conciencia de la posibilidad de autoayuda estimulando la participación activa.
  • Reducir el consumo de medicación.
  • Ayudar a que el individuo no eluda la realización de actividades debido al dolor.
  • Incrementar la tolerancia a la ambulación y a ejercicios seleccionados.
  • Aumentar la participación social y laboral.
En el caso de pacientes con dolor crónico, los programas de ejercicios graduados constituyen una parte importante de las técnicas de modificación del comportamiento. Todos estos programas involucran activamente al paciente en el proceso de mejoría.
Los balones en el tratamiento de lesiones
Recuperar el contacto con el propio cuerpo desde un lugar distinto al del dolor, tomar conciencia de las potencialidades remanentes y las posibilidades de expresión del mismo, encontrar un espacio para la comunicación con nosotros mismos y con los demás desde un lugar diferente, y desarrollar la percepción de bienestar que el cuerpo puede brindar a través del movimiento son los objetivos principales que la Esferokinesis aplicada a la recuperación de lesiones debe cumplir.
Desde el punto de vista del registro propioceptivo, los balones permiten trabajar el cuerpo con un sostén adicional, y en distintas relaciones con la gravedad. Esto último, sumado a la posibilidad de tener una gran parte del cuerpo en contacto directo con la pelota, hacen que el sistema nervioso reciba muchos estímulos que, manejados adecuadamente, facilitan la reorganización de los patrones motrices. La posibilidad de estimular el cuerpo a partir de las sensaciones que el sistema nervioso recibe y registra permite lograr cambios en los patrones posturales deficientemente organizados, y reorganizar aquellos que han sido dañados por la lesión.
Desde el punto de vista psicofísico, los fisiobalones permiten un entrenamiento que incorpora elementos lúdicos, estimulando la interacción y la comunicación. La superficie de la pelota puede ser utilizada como elemento de contención, y su inestabilidad ayuda al reestablecimiento paulatino de la confianza en el soporte del cuerpo.
En rehabilitación de lesiones se indican con frecuencia ejercicios sobre esferas de diferentes tamaños que promuevan el estiramiento activo de tejidos blandos contraídos, junto con ejercicios y posturas de mucha utilidad por su efecto preventivo o paliativo del dolor.
En función de las necesidades de cada individuo, y de los objetivos del trabajo a realizar, se utilizan esferas de diferentes dimensiones, desde 20 cm. a 85 cm. Las más pequeñas brindan la posibilidad de un trabajo y de un registro propioceptivo localizados, las más grandes proveen un trabajo y un registro global, y también un soporte adicional importante para el cuerpo, muy necesario en casos de lesiones o de movilidad reducida. Se utilizan también esferas de 1:20 a 1:50 m, orientadas a trabajar la relajación, la entrega pasiva de peso y la confianza en el soporte grupal.
La utilización de fisiobalones no substituye sino que complementa el trabajo de rehabilitación específico según el diagnóstico y la persona. Debido a la gran cantidad de lesiones y patologías, es difícil dar pautas generales para la utilización de las pelotas. Cada caso debe estudiarse en particular. El docente o facilitador deberá profundizar en el estudio de las características específicas de la lesión que desee tratar para encontrar los ejercicios adecuados para cada caso.
Es fundamental para ello conocer las funciones anatómicas y fisiológicas, las características de cada lesión o enfermedad, los patrones neurológicos que sustentan la posibilidad de movimiento del cuerpo en el espacio, y la técnica de utilización de los balones para rehabilitación. Es ideal en estos casos el trabajo en equipo con los otros profesionales que estén involucrados en el tratamiento de la persona a rehabilitar.
Las lesiones y el dolor se asocian a menudo con una inmovilidad progresiva, que trae aparejadas consecuencias en el sistema musculoesquelético, con la aparición de síntomas secundarios y secuelas. Hemos encontrado en las esferas un recurso muy valioso para el tratamiento de este tipo de problemática, que afecta no sólo a deportistas sino a una gran cantidad de personas de diferentes edades y características.
Cursos y proyectos de investigación 
El Centro de Investigación y Estudio de Técnicas y Lenguajes Corporales (CIEC) se dedica desde hace más de 10 años a formar profesionales, y es la primera institución que organizó cursos de formación y perfeccionamiento en los usos y aplicaciones de los fisiobalones. Asisten regularmente a estos cursos profesionales del arte, la educación y la salud de Argentina y de distintos países de Iberoamérica.
En el CIEC se ofrecen clases de entrenamiento, cursos introductorios al trabajo con balones, y la Formación en Esferokinesis, que consta de 2 niveles (Instructorado y profesorado) y un Post- grado en aplicaciones terapéuticas.
En el año 2007 esta Institución pondrá en marcha un proyecto de investigación en colaboración con el Centro de Tratamiento del Dolor del Hospital Tornú, que consiste en la organización de clases de Esferokinesis en grupos reducidos para pacientes con dolor crónico.
Historia
Los balones de grandes dimensiones o fisiobalones son utilizados desde principios del siglo XX en tratamientos kinesiológicos y de rehabilitación física Su empleo como auxiliares en tratamientos terapéuticos se inicia con las investigaciones de la Dra. Klein-Vogelbach, que las utilizó en Suiza a partir del año 1909 para tratar problemas articulares y para la rehabilitación de pacientes neurológicos.
Berta Bobath, fisioterapeuta alemana, comenzó a usarlas en 1930 como complemento en el tratamiento de pacientes con espasticidad y distinto tipo de lesiones cerebrales, trabajo desarrollado junto a su marido, el Dr. Karel Bobath.
La terapista ocupacional Bonnie Bainbridge Cohen, discípula de los Bobath y creadora del método de anatomía vivencial llamado Body-Mind Centering® (BMC), las utiliza desde 1980 en la investigación de los reflejos, las reacciones de enderezamiento y las respuestas de equilibrio que componen nuestros patrones básicos de movimiento.

Silvia Mamana Docente e investigadora corporal. Somatic Movement Educator y Body-Mind Centering Practitioner formada en la School for Body-Mind Centering, EEUU. Directora del Centro de Investigación y Estudio de Técnicas y Lenguajes Corporales de Buenos Aires. 
Viviana Boggan Médica especialista en Medicina Física y Rehabilitación, UBA. Miembro adherente de la Sociedad Argentina de Medicina Física y Rehabilitación. Colaboradora Area Fisiatría Centro de Evaluación, Diagnóstico y Tratamiento del Dolor, Hospital General de Agudos “Dr. Enrique Tornú”, GCBA

Esferokinesis: un soporte redondo para la columna Por Paola Irurtia(*)


La esferokinesis desarrolla las cualidades de las pelotas para entrenar otros sistemas orgánicos que brindan soporte al cuerpo, rehabilitar y ampliar los rangos de movimiento. La postura de flexión sobre la pelota proporciona un soporte inicial flexible y blando para la extensión de músculos y ligamentos. Permite que las vértebras se acomoden sin la presión que la gravedad ejerce en posición vertical y facilita que esa misma fuerza empuje al cuerpo hacia la pelota brindándole estabilidad y la posibilidad de extender la columna hacia sus dos extremos: el cráneo y el coxis. Además de continuarla en las proyecciones hacia el espacio a través de las extremidades.
La forma esférica del soporte que brinda la pelota invita a la extensión de los tejidos de conexión, entre ellos los ligamentos, que se realiza de un modo intenso y profundo. Permite la apertura de espacios internos y de los necesarios para que los discos intervertebrales se reacomoden en su espacio. Estos tejidos fibrosos, con su consistencia mullida, brindan amortiguación y protección a las estructuras óseas, a la vez que posibilitan una mayor continuidad al movimiento.
El soporte de la pelota permite el descanso atento de los músculos, solicitados por el cuerpo en todo momento, tanto para mantener la quietud como para permitir la expresión del movimiento.
En la práctica es indispensable el respeto y el cuidado de las posibilidades que presenta cada persona. A partir de encontrar más comodidad y confianza, la esferokinesis propone el entrenamiento sensible de otras estructuras de sostén.
Una mirada desarrollada en el país por maestras como Silvia Mamana y su equipo se basa en el trabajo desarrollado por la escuela de Body Mind Centering. Esta escuela fue creada por Bonnie Brainbrige Cohen en Estados Unidos y desde hace más de 30 años reúne investigaciones de anatomía vivencial con recorridos innovadores, sustentadas en el aporte de profesionales formados en áreas de la salud, el arte y el movimiento.
Cada sistema orgánico despliega posibilidades de movimiento y su exploración ayuda a rehabilitar y refuncionalizar tanto los espacios específicos de esos grupos como su expresión en la globalidad del cuerpo. Así, los órganos aportan su carácter blando y voluminoso; la linfa su fluidez, los ligamentos la continuidad y las glándulas su propiedad expansiva. Las esferas proporcionan su soporte y las cualidades lúdicas que configuran un entorno que es propicio para cualquier aprendizaje.
Buscando apoyo 
El movimiento es una cualidad de los organismos vivos. Atravesar los rangos de movimiento que provocan limitaciones es hallar nuevas posibilidades que viajan desde los distintos sistemas orgánicos hacia el sistema nervioso central, procesador y coordinador de toda la información que recibe nuestro cuerpo.
En esa unidad funcional que es nuestro cuerpo-mente, encontrar nuevos caminos desde los huesos, articulaciones y músculos es reinscribirlos en el sistema nervioso central y abrir las posibilidades a nuevos intentos, manifestaciones y expresiones de esa energía que se manifiesta y se denomina movimiento.
La esferokinesis es un trabajo corporal que utiliza el soporte de pelotas, balones o esferas de diferentes tamaños. El soporte que ofrecen los balones brinda cualidades propioceptivas globales, específicas, sutiles y dinámicas.
El trabajo corporal con esferas nació a principios del siglo pasado relacionado a la rehabilitación de funciones orgánicas y se desarrolla actualmente tanto como método como aplicado a otras formas de entrenamiento como danza, yoga, Pilates o deportes como el fútbol y el rugby.

(*) Paola Irurtia es licenciada en Comunicación Social y periodista. Profesora de danzas contemporáneas y de Pilates. Practica contact improvisación, y profundiza en los métodos Feldenkrais, Alexander, Meziere y Shiatsu. Egresada del Nivel 1 de la Formación en Esferokinesis, cursa actualmente el Nivel 2. Integrante del equipo docente del CIEC de Rosario para el curso intensivo de Formación en Esferokinesis que se ofrece en dicha ciudad.

© Paola Irurtia, publicado en el diario La Capital (Rosario), 22 de octubre de 2006

Dolor crónico por Silvia Mamana

Dolor crónico
por Silvia Mamana

Esta noche pesa como el dolor humano.

Albert Camus,Calígula
Mi interés por la problemática del dolor surgió en el transcurso del año pasado, a partir de una invitación que recibió el CIEC para participar en una experiencia piloto: realizar trabajo corporal con pacientes con dolor crónico. Los resultados de esa experiencia están siendo en estos momentos clasificados y evaluados, y formarán parte de un reporte que publicaremos oportunamente los integrantes del equipo de trabajo.
Este interés también está relacionado con mi experiencia de vida, con caminos que me ha tocado transitar y con otros que, consciente y voluntariamente, decidí explorar, tanto en lo personal como en lo profesional. Todo esto me lleva a la necesidad de volcar algunas reflexiones que, como siempre, más que respuestas, serán preguntas abiertas.


Las definiciones de dolor
El dolor nunca es mera creación de nuestra anatomía y fisiología. 
Solo emerge en la intersección de cuerpos, mentes y culturas.
David B. Morris


La definición de dolor ha variado según la época y la cultura. Para Aristóteles, el dolor era una emoción. Descartes, en cambio, lo consideraba una sensación.
Los libros de texto tradicionales definen el dolor como “una señal particularmente compleja que se transmite por los nervios desde el sitio de la herida hasta el cerebro”. Esta definición reduce el término a un mero asunto de nociceptores, neurotransmisores y nervios.
Para la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) es “una experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada con el daño  real o potencial de algún tejido.” A su vez, E. Cassel define al sufrimiento como “una experiencia desagradable originada en la percepción del malestar generado por factores que reducen la calidad de vida.” Al reemplazar el término “sensación” (referida al mecanismo de registro del sistema nervioso)por“experiencia” la IASP incorpora por primera vez, en el año 1973, el elemento subjetivo en relación al dolor.
Se clasifica como dolor agudo a aquel de reciente comienzo y de duración limitada en el tiempo. Puede ser leve (una picadura) o severo (una fractura). Ejemplos de dolor agudo son, además de los mencionados, una quemadura, el dolor menstrual, un cólico, los dolores que siguen a una operación, etc.
Se llama  dolor crónico al que perdura en el tiempo, o que supera el período habitual de recuperación (la definición varía según los autores: algunos lo consideran a partir de los 3 meses, otros de los 6, para  la Resolución Nº 932/2000 del Ministerio de Salud, es aquel que persiste por más de 30 días con igual o creciente intensidad). Ejemplos de dolor crónicobenigno pueden ser: dolores del aparato osteo-artro-musuclar (dolor de caderas, hombros, miembros superiores e inferiores, lumbalgias y cervicalgias en la columna vertebral (por hernia de disco, ciática, escoliosis, post-operatorios fallidos, etc.), neuralgias, cefaleas, dolor de origen nervioso (neuropatías dolorosas, lesiones traumáticas de los nervios y de la médula espinal), fibromialgia, etc.
El dolor crónico maligno esta relacionado con el cáncer: Este puede surgir por la progresión del tumor o por la patología relacionada con el mismo, por las cirugías u otros procedimientos (terapéuticos o diagnósticos) invasivos que se realizan al paciente, por la toxicidad de la quimioterapia o por la aparición de infecciones o dolores musculares ocasionados por la carencia de actividad física producto de la enfermedad.
Según su origen  el dolor puede ser: muscular, visceral, neuropático, idiopático, central, periférico, reflejo, etc.
El cuestionario McGill-Melzack, uno de los utilizados en la evaluación del dolor, trata de definirlo con frases y adjetivos como: penetrante, rígido, de puñalada, taladrante, quemante, odioso, de herida abierta, fatigante, agotador, espantoso, sofocante, aterrador, cruel, vicioso, matador, intenso, horrible, intolerable, torturante,… y otros tantos que suman un total de 78 términos que procuran poner en palabras algo indescifrable e indescriptible a la vez. Como dice David Le Breton, “el dolor expresado nunca es el dolor vivido.”
Los dos dolores

Y no es verdad, dolor, yo te conozco,

tu eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
Antonio Machado
Pero quizá una de las definiciones que más me ha llamado la atención en mis lecturas sobre el tema es lo que el Dr. Morris llama “el Mito de los Dos Dolores”, la creencia, extendida en nuestra sociedad, de que podemos dividir al dolor en físico y mental“Se siente dolor físico si se rompe un brazo, se siente dolor mental si se rompe el corazón.”
No es extraño que se produzca esta separación. Una cultura que separa al cuerpo de la mente, separa al dolor físico del sufrimiento mental. El poco o nulo conocimiento del cuerpo (y el desconocimiento del efecto de los estados mentales y emocionales en su funcionamiento) que tienen muchas personas acentúa esta situación. El modelo médico tradicional acentúa esta escisión, y a la hora de tratarlo usualmente se prescribe una droga para el dolor del cuerpo y otra para el de la mente, sin detenerse a pensar en al incidencia que puede llegar a tener uno sobre el otro, o en los efectos secundarios que la medicación puede provocar en los dos planos de la unidad cuerpomente.
Nuestra primera reacción frente a la sensación de dolor, sea este “físico” o “mental”, es querer huir de él, taparlo o eliminarlo. Y debemos reconocer que, para nosotros, que vivimos en una cultura donde los analgésicos y los ansiolíticos son moneda corriente, eso es bastante fácil de lograr. Estamos tan acostumbrados a esta práctica que generalmente no pensamos dos veces antes de ingerir una aspirina para eliminar el dolor de cabeza que nos impide continuar con nuestro trabajo, o un ansiolítico para poder conciliar el sueño.
La relación entre los dos tipos de dolor se presenta con claridad en las personas que padecen de dolor crónico.

Dolor total

¿Sólo es verdad el dolor?
León Tolstoi,La muerte de Iván Ilich
En su libro Antropología del dolor, David Le Breton introduce el concepto de “dolor total” como aquel que acompaña en sus últimos días a las personas afectadas por una enfermedad terminal. Lo describe como un dolor continuo, absoluto,  “que aniquila al sujeto y sólo le deja una conciencia residual”, que “no es heraldo de ninguna curación pero sí de la progresión ineluctable de la enfermedad y que plantea la angustia de la muerte inminente.” “Cada avance del dolor es una pérdida de la soberanía del individuo”,señala.
Los nuevos modelos médicos que han surgido a partir de las investigación realizadas en las clínicas de tratamiento del dolor proponen un significado diferente, al menos en parte, para el término dolor total: Estos investigadores no sólo dejan de lado la escisión que propone el “mito de los dos dolores”, sino que plantean el hecho de que el dolor nunca es solamente físico, sino que no puede ser separado de los elementos sociales, psicológicos y existenciales que conforman la realidad de cada individuo. Desde mi experiencia en relación a este concepto, las descripciones citadas en el párrafo anterior pueden perfectamente aplicarse a muchos de los pacientes afectados por un dolor que se prolonga a lo largo del tiempo, sea éste producto de una enfermedad terminal o no.
Cuando comenzó la experiencia piloto que antes mencioné me resultaba difícil entender porque muchas de esas personas, que no padecían patologías diferentes a las que presentaban muchos de mis alumnos, estaban siendo tratados en una clínica especializada en dolor. Muy pronto pude comprender que esta diferencia estaba dada, no tanto por la intensidad del dolor físico en sí, sino por los factores que van ligados a él.
¿Cómo separar la sensación física de dolor producida por una lesión del sufrimiento que provoca la falta de recursos económicos, o de la frustración que produce la burocracia del sistema se salud? ¿Cómo evitar que la humillación y los remordimientos que surgen de no poder mantener el núcleo familiar debido a la discapacidad producto de la enfermedad, o la falta de un entorno que brinde soporte emocional, potencien la percepción del dolor? ¿Qué porcentaje de la percepción del dolor corresponde a la desesperanza, a la depresión o a los miedos?
Para el Dr. Leone, especialista en clínica del dolor, el sufrimiento es multifactorial: “en la evaluación del paciente con dolor siempre se debe tener en cuenta en el esquema de sufrimiento y del dolor total, e investigar en qué proporción cada uno de sus componentes modulan la percepción dolorosa.” 
Desde esta perspectiva, es importante que la atención del paciente esté a cargo de un equipo multidisciplinario (médicos, psicólogos, psiquiatras, educadores, etc.) que pueda abordar, además del dolor físico, los componentes no físicos que inciden en la percepción del dolor.
Tradicionalmente el dolor era considerado sólo como un síntoma producto de una lesión o una enfermedad. En la actualidad, en los servicios de tratamiento del dolor crónico, éste es la enfermedad a tratar, independientemente de cuál sea el factor que lo causa. Esta afección, que produce sufrimiento y discapacidad, afecta a un tercio de la población y es uno de los motivos de consulta más frecuentes en la práctica médica.
Dolor, aprendizaje y significado

Sólo hay un dolor fácil de soportar,  y es el dolor de los demás.
Rene Leriche
Aprender a sentir dolor, y lo que significa es parte del proceso de crecimiento de los humanos. Desde niños, contamos con el dolor como mecanismo de protección, como un sistema de defensa contra los peligros del mundo exterior. Desde el punto de vista postural, nuestro cuerpo también funciona constantemente a partir de reflejos antálgicos que nos permiten ajustar nuestros movimientos, y que evitan el daño de las estructuras corporales. Dolor y aprendizaje son dos variables que están íntimamente relacionadas.
Todos poseemos un cuerpo, nervios y neurotransmisores, pero es el factor aprendizaje el que hace que tengamos relaciones tan distintas con el dolor: este no tiene el mismo significado para todos, es siempre una construcción personal basada en nuestras experiencias, y en la relación que tenemos con los elementos que componen el concepto de dolor total.
Es a partir de la aparición del éter como recurso para suprimir el dolor en las intervenciones quirúrgicas (1846), y posteriormente de la aspirina como analgésico de uso masivo (1899), que nuestra relación con el dolor se modifica. En nuestra cultura éste carece de significado para la mayoría de las personas, que buscan la razón de su sufrimiento en las respuestas que el sistema médico pueda darles,  y el alivio en las soluciones químicas más eficaces para eliminarlo. El dolor se percibe como algo ajeno, algo que hay que ignorar, tapar, o como un síntoma que hay que eliminar. Cuando el dolor se hace crónico, esta búsqueda es estéril, no existen respuestas adecuadas ni analgésicos suficientes.
Quienes trabajamos como docentes en el campo de la Educación Somática basamos nuestro trabajo en la idea de la integración entre el  cuerpo y la mente: el cuerpo me mueve, el cuerpo habla, se comunica con otros cuerpos, escucha. Pero ¿qué pasa cuando la percepción sólo devuelve dolor? Cohen dice: “El cuerpo es como el viento, la mente es como la arena. Para saber cómo sopla el viento, podemos mirar la arena.” Si mi cuerpo soy yo, éste sufre el dolor que yo sufro. Ambos aspectos se conjugan para construir la manera en que se percibe el dolor.
La realidad del dolor crónico

Dichoso del árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, 
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Rubén Darío
Las primeras preguntas que me surgieron ante el trabajo con el grupo de pacientes con dolor crónico estaban relacionadas con mi función, con encontrar la forma adecuada para  que mis conocimientos pudieran ser de ayuda para estas personas. En otros ámbitos, esta función está más o menos clara: puedo ayudar a tomar conciencia del cuerpo, a mejorar la postura, sabiendo que si se trabajan esas variables tarde o temprano el dolor cede, la respiración se hace más profunda, se duerme mejor.
Pero en este caso, tuve que enfrentarme con que la condición básica que los caracterizaba era precisamente la cronicidad de su padecimiento. El dolor va a estar siempre, sin importar los esfuerzos que se hagan para cambiar esa realidad. En una sociedad donde el dolor es negado o suprimido, esto puede hacer que la vida se convierta en una pesadilla de la que no podemos despertar. En su libro La cultura del dolor, el Dr. Morris cita la frase de un paciente que describe su dolor: la sensación de que “siempre son las tres de la mañana”.
Es bastante frecuente con en estos casos que la falta de soporte, social y/o familiar, sea reemplazada por una dependencia con respecto a los profesionales que los tratan. La demanda de medicamentos también puede estar relacionada con esta situación de aislamiento, donde el remedio reemplaza la carencia de contacto humano. Al no encontrar un significado válido para su dolor, muchos enfermos ponen toda la responsabilidad en manos de los médicos. Exigen todo de ellos, y los hacen receptáculo de las frustraciones si los resultados no están a la vista. No hay compromiso con el propio proceso curativo, ni colaboración activa en la búsqueda de una mejoría.
Desde nuestro lugar en el equipo interdisciplinario, creo que podemos hacer más como docentes que desde el modelo del terapeuta, que fácilmente se confunde o compite con el rol del médico.
Trabajo corporal y dolor

Comprender el sentido de la pena 
es otra manera de comprender el de la vida.
David Le Breton
Aumentar la  conciencia corporal, trabajar con los apoyos que nos afirman en la tierra, jugar con al inestabilidad que provee una pelota, hacer consciente el flujo de la respiración, trabajar con los patrones básicos que organizan la capacidad de movernos en el espacio, con los reflejos que permiten recuperar la vertical ante un estímulo que nos saca de nuestra base de sustentación, con lo lúdico, con lo expresivo y  con lo creativo son elementos de mi práctica cotidiana como docente.
Para llevarla a cabo, la única herramienta con la que cuento es el cuerpo, un cuerpo integrado con la mente, que es vehículo y receptáculo para las percepciones y para las emociones. Por eso creo que, aunque trabajemos sólo desde lo “físico”, el cuerpo hará su propia integración psicofísica, y el sufrimiento se verá modificado por ésta. Creo que esto es algo que podemos aportar en la búsqueda de un significado ante la cronicidad del dolor.
En Antropología del cuerpo y modernidad Le Breton plantea que “cuidar y curar no necesitan sólo de un saber, sino también de un saber-hacer y de un saber-ser,” que son, antes que nada, “saberes acerca del hombre.” Desde esta perspectiva, la eficacia del tratamiento dependerá no sólo de los métodos utilizados, sino también de la calidad humana, y de la intuición de los profesionales que están en contacto con el paciente.
En toda situación entre paciente y terapeuta se activa lo que desde la psicología junguiana se denomina el arquetipo del curador herido. Si el paciente, como usualmente ocurre,  proyecta al sanador interno en el médico, y  a su vez el médico proyecta sus heridas en el paciente, el proceso curativo, tarde o temprano, se bloquea. En el aprendizaje esta situación se repite también, cuando el alumno piensa que el maestro es el único responsable del proceso de aprendizaje, y el maestro considera que es sólo él quien detenta el conocimiento.
Parte de ese saber-ser y saber-hacer pasa, entonces, por la posibilidad de abrirnos a la percepción de nuestras propias heridas y debilidades para posibilitar que el paciente o el alumno puedan desarrollar sus propias fuerzas curativas internas, su conocimiento interior.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
• Bainbridge Cohen, Bonnie. Sensing, Feeling and Action.
• Boggan, Viviana. Dolor crónico y rehabilitación.
• Guggenbühl Craig, Adolf.  Power in the Helping Professions
• Le Breton, David.  Antropología del cuerpo y modernidad.
• Le Breton, David.  Antropología del dolor.
• Leone, Fernando. .Monitoreo y evaluación del paciente con dolor crónico.
• Morris, David.  La cultura del dolor.

© Silvia Mamana, publicado en Kiné nº 80 Diciembre 2007 / abril 2008